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Bombas y bobos

por Luis DE LION | Webarticulista.net

lunes, 11 julio 2005 | Más allá del terrible balance de muertos y heridos que los atentados de Al Qaeda han venido dejando en estos últimos años; llama la atención que luego de cada una de las cobardes e injustificables acciones de estos terroristas, cierta opinión pública occidental así como los antinorteamericanos de turno, emiten veredictos de una superficialidad que raya en el infantilismo.

Sin embargo, en ésta oportunidad, apartando la ignorancia y futilidad de esa suerte de operadores políticos y gestores de imagen de Al Qaeda, que de gratis pululan en Occidente; los atentados de Londres excepcionalmente podrían generar una suerte de efecto boomerang en contra del terrorismo islámico, a decir de la firmeza que por una parte mostró el gobierno británico en su conjunto y por otra el coraje de los londinenses, quienes de una manera ejemplar, inmediatamente después de los terribles atentados, retomaron el ritmo normal de sus vidas.

Mientras la determinación de los británicos rinde sus frutos, vale la pena aclarar que el movimiento que inspira a Al Qaeda no nació durante la guerrilla antisoviética en Afganistán, ni se emancipó como movimiento político-militar gracias al financiamiento de la CIA, ni mucho menos se agigantó luego de la reciente guerra en Irak.

Los orígenes son mucho mas profundos y lejanos, y los mismos se concentran en la península arábica, desde donde, a partir de 1948 el reconocimiento del estado de Israel es visto con malos ojos por parte de los wahabistas (movimiento Saudita del siglo XVII que condena a aquéllos regímenes donde lo político no está lo suficientemente sometido por lo religioso) y luego en 1954 la llegada al poder en Egipto de Nasser, sella definitivamente la unión entre cierta dirigencia Saudita y líderes religiosos obscurantistas. El laicismo de Nasser, avivó la llama de la yihad de la historia moderna, la cual para ésta ocasión tendrá un rango internacional.

Para 1962, se fundaba en Yeddah la Liga del Mundo Musulmán y a decir de Guillaume Dasquié experto en geopolítica y asuntos de inteligencia, en dicha acta constitutiva quedaba plasmado el carácter planetario de la yihad encargada de imponer y proteger el Islam ortodoxo. Dicha alianza – continúa Dasquié – contó desde sus inicios con un multimillonario financiamiento proveniente del impuesto religioso, el cual equivalía al 5% de la renta anual Saudita.

25 años más tarde, previas incursiones en Pakistán, Argelia, Indonesia y Sudán; desde tierras afganas Al Qaeda insurgía como el brazo armado que va a complementar el impulso político de la Liga del Mundo Musulmán y Ben Laden su carismático líder, experto operador de las muy específicas reglas de comunicación del Medio Oriente, se vale hábilmente de la globalización y en particular de Al Jazeera, para a través de una cuidada imagen de guerrillero, erigirse como el típico héroe islámico.

Pero detrás de las cualidades comunicacionales de Ben Laden, se esconde una ideología simplista y anacrónica, a través de la cual los líderes de Al Qaeda buscan obtener el poder político necesario que les permita reinstaurar un sistema islámico fantasmagórico y ancestral.

Dicho esto, del lado de las democracias occidentales habría que insistir hasta el cansancio, en ayudar a ciertos intelectuales y editores de medios, para que dejen atrás esa nostálgica cobardía que los ciega y paraliza; así como también a luchar contra el paternalismo de algunos naftalínicos líderes de izquierda, que se niegan a ver que tras los abominables atentados de Al Qaeda, se esconde un proyecto político nada innovador, que defiende un modelo económico muy cercano al más retrógrado de los socialismos, a través de un discurso anticapitalista, impregnado de corroídas proclamas anticoloniales.

El valiente ejemplo del malogrado pueblo británico, tiene que servirnos a todos, sin excepción, de esperanzador patrón que guíe a nuestras sociedades y sus respectivos líderes políticos, para que juntos constituyamos un frente lo suficientemente sólido que le haga frente al terrorismo islámico.



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