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Venezuela: un vecino en llamas

Editorial del Tiempo de Bogota

(Febrero 22 de 2004) ¿Ceguera o imbecilidad? Cómo es de rico jugar a la democracia con cartas marcadas y árbitros de bolsillo. El referéndum se volvió una farsa. ¿Dónde está la solidaridad democrática? Venezuela va camino de una despiadada dictadura o hacia una guerra civil. Y a casi nadie parece importarle o darse por enterado. Los últimos hechos así lo confirman y las consecuencias para América Latina, pero sobre todo para nosotros los colombianos, serán funestas.

No es sino hacer un breve recuento de las recientes movidas de Chávez para darse plena cuenta de sus verdaderas intenciones. El famoso referéndum lo ha venido hábilmente embolatando, y cada día menos venezolanos piensan que se va a realizar. Su estrategia de denunciar un "megafraude" para darle piso a la cantidad de triquiñuelas que las autoridades electorales (controladas por Chávez) han utilizado con el fin de ponerles conejo a los 3,5 millones de firmantes, está funcionando ante los ojos (¿impotentes?) de la OEA y el Centro Carter.

La fecha para dar los supuestos resultados se ha venido corriendo tramposamente. Entre la convocatoria y el referéndum tienen que pasar 90 días. Lo ideal para el gobierno es entonces demorar los resultados para que el referéndum (si es que se ve obligado a convocarlo) no se pueda hacer antes del 19 de agosto, fecha a partir de la cual, de perderse la votación, no habría elecciones: asume el Vicepresidente, sigue el régimen en el poder y Chávez se presenta de nuevo como candidato en el 2006.

El plan B ya lo anunció Chávez: si el Consejo Electoral no resiste las presiones y convoca el referéndum, de inmediato apelaría al Tribunal Supremo, que -por supuesto- está a sus enteras órdenes. ¡Cómo es de rico jugar a la democracia con cartas marcadas y árbitros de bolsillo!

Lo grave es que, mientras se desarrolla lo que ha resultado ser la gran farsa del referéndum, el régimen de Chávez no ha escatimado esfuerzos para afianzar su "revolución bolivariana" y cerrarles cada vez más espacios a la oposición y a la democracia. Las Fuerzas Armadas se encuentran totalmente descuartizadas, su capacidad operativa es mínima, pero al mismo tiempo les está incorporando sus propias milicias, cuidadosamente entrenadas. La meta son cien mil milicianos y se sabe que por lo menos ocho mil ya han sido entrenados en Cuba. Los oficiales chavistas se están colocando en posiciones políticas claves: dos generales son candidatos a las gobernaciones de Carabobo y Zulia y el hermano del Presidente acaba de ser nombrado embajador en Cuba.

A propósito de Cuba, hay más de 20 mil cubanos en Venezuela. Una buena parte, como bien se ha demostrado, no son precisamente inocentes maestros y médicos, sino agitadores políticos o expertos de la siniestra G-2 cubana. Como contraprestación, Fidel hoy recibe más petróleo y más recursos que durante las mejores épocas de la Unión Soviética. Todo este plan, además, parece calcado de lo que Fidel hizo con Cuba en su momento.

Al aparato militar convertido en tenaza política se le agrega la estrategia para implantar la dictadura judicial. Ya tiene listo, e inclusive fue anunciado por Chávez, el zarpazo final (los venezolanos lo llaman el "palo a la lámpara"), que consiste en invocar el estado de excepción, tomarse los medios de comunicación (por la fuerza si es necesario, como también lo advirtió Chávez) y cambiar arbitraria e ilegalmente las reglas de juego en el Congreso para poder aprobar con mayoría simple leyes orgánicas "antiterroristas", que limitarían, entre otras cosas, la libertad de expresión y de reunión. Es decir, no más manifestaciones multitudinarias de la oposición.

Con el control de PDVSA y el barril de petróleo a 35 dólares, la plata no es problema. Por eso, analistas prestigiosos como Alberto Garrido han denunciado que Chávez se está dando el lujo no sólo de comprar apoyo interno, sino de aupar a los cocaleros de Bolivia, a los piqueteros de Argentina, a los Sin Tierra de Brasil, al Movimiento Indígena Pachacutik del Ecuador... y por supuesto -como ya se sabe- a la guerrilla colombiana.

Todo esto ante la indiferencia de las democracias continentales. ¿En qué queda la Carta de la OEA? ¿Dónde está la solidaridad democrática? ¿Qué se hicieron los "países amigos" del Secretario General? Hasta Lula advirtió la semana pasada que Venezuela iba hacia una guerra civil si sigue irrespetando los cauces constitucionales (lo mismo dicen muchos expertos internacionales, como William Ury, el famoso negociador de conflictos) y de pasadita conminó a Chávez a que no se metiera en el conflicto Bolivia-Chile. Pero el resto del continente -y del mundo- no ha dicho ni mu.

Semejante indiferencia, ceguera o imbecilidad puede resultar cómplice de una catástrofe política y social de enormes magnitudes. Las primeras víctimas serán los propios venezolanos. Las segundas, sus vecinos: ... nosotros los colombianos.



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