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Venezuela en Washington

Por Sonia Schott

Lo que pareciera ser un reajuste de la perspectiva Norteamérica frente a la crisis política del país, es lo más relevante de Venezuela en Washington en la semana del 18 al 24 de enero del 2.004.

Hace apenas dos semanas, los gobernantes de Venezuela y de Estados Unidos se ignoraron en las reuniones de Monterrey, y mantuvieron posiciones a las antípodas durante las negociaciones que condujeron a la aprobación, con reservas, de la Declaración de Nuevo León. Escaramuzas verbales previas lo habían anunciado.

Pero, curiosamente y a pesar de la distancia entre los dos Jefes de Estado, al final de la cita mejicana, por primera vez el presidente Chávez, encontró “inteligentes” unas declaraciones del mandatario norteamericano sobre el espinoso expediente electoral venezolano, y Bush también encontró tiempo para pedirle al “ presidente Kirchner, así como se lo he pedido al presidente Lula, que si Chávez va a ganar el plebiscito que lo gane legalmente, si Chávez va a seguir gobernando Venezuela que la siga gobernando legalmente”.

A menos de una semana, un nuevo panorama pareciera abrirse de la mano de declaraciones de altos responsables norteamericanos, que al unísono destacan la calidad del árbitro electoral venezolano y la necesidad de respetar esas decisiones, al tiempo que mesuran el tono de los pronunciamientos. En primer lugar destacan las del que en su momento fue protagonista de una de las declaraciones más irritantes para Caracas: Embajador Roger Noriega, Secretario Asistente para el Hemisferio Occidental quien hizo derroche de ponderación cuando ante una amplio auditórium en la Universidad George Washington le preguntamos sobre el proceso venezolano. Nos aseguró que creía que todo marchaba porque “Hay declaraciones del presidente Chávez de que va a respetar el proceso constitucional que se esta llevando a cabo allá (Venezuela) eso ha pasado luego de Monterrey”.

Simultáneamente, Peter DeShazo, alto funcionario del Departamento de Estado viaja a Caracas para “dictar” una conferencia en Venancham, se entrevista con el Vice-Presidente Rangel y da su apoyo al CNE, y “coincidencialmente” con ese mismo fin también viajan intempestivamente el Jefe de la Misión de Observadores de la OEA y ahora se espera el ex-presidente Carter. Demasiadas casualidades como para no ver que algo importante está en curso. Trataremos de aportar elementos para que cada uno se forme su opinión:

Ciertamente, aquí no dejó de sorprender que saliéndose de una práctica secular, el Presidente Bush haya solicitado los buenos oficios de otro presidente, en la ocurrencia el argentino, para enviarle un mensaje a un mandatario venezolano. Pero, más aún llamó la atención que de su petición se puede inferir claramente que él no descarta la posibilidad de una permanencia del Presidente Chávez en su cargo, algo que hasta el momento era un supuesto negado en la Casa Blanca.

Sin embargo, algunos consultados no han dejado de reconocer que los referidos propósitos del mandatario norteamericano, podrían ser también un reconocimiento de que nuevos tiempos se viven en las relaciones con una América Latina que quiere cambios, que tiene diferencias, pero que está tratando arbitrar esas discrepancias por la vía del diálogo, dentro del marco democrático, lo que es un enorme avance, que muestra hasta qué punto la Carta Democrática Interamericana ha calado popularmente y no es un entelequia como muchos aseguran. No obstante, la realidad pareciera que no resiste análisis superficiales porque la percepción aquí es diferente con respecto a Venezuela. Los tiempos han cambiado, ya no es un secreto que la oposición venezolana no ha mostrado en el exterior su mejor cara y sus dificultades internas son de todos conocidas. Como bien lo señalara el salvadoreño Joaquín Villalobos, voz muy oída, hoy en la Universidad de Harvard: “ Parte importante de lo que hoy es la oposición venezolana apoyó antes a Chávez, pero cuando se desencantaron de su gobierno, actuaron con tanta soberbia, que parecían ser ellos el gobierno y Chávez la oposición. Consideraban a éste una especie de mal sueño del que saldrían pronto, y todos los días pronosticaban su caída” .

Propósitos similares también son lugar común en algunos centros de pensamiento locales, donde se ha asegurado que: “en un país como Venezuela todo es factible, el efecto Chávez permanecerá en el escenario político durante un tiempo, a pesar de que algunos lo pretendan obviar o lo quieran negar. Las dos partes (venezolanas) se creen con credenciales y se conducen como si la verdad absoluta les asiste. Pero uno es gobierno y otro oposición. En estos casos generalmente los opositores no las tienen todas consigo y son los que se llevan la sorpresa si no están concientes de su lugar en el juego político” ” como lo afirmara recientemente el conocido latinoamericanista Phillip McLean del Centro de Estudios Estratégicos Internacionales de esta Capital.

No hay duda de que en los Estados Unidos hay una gran preocupación por lo que sucede en Venezuela, como lo aseguró el Sr. DeShazo esta semana en Caracas. Pero más que inquietud, lo que aquí se percibe claramente es desconcierto e incertidumbre frente a una situación, que considerándola grave, no la entienden, menos aún la han descifrado y para completar el panorama ninguna de las dos partes enfrentadas en Venezuela se ha sabido ganar su confianza.

Por otro lado, desde esta Capital se observa que los diferentes movimientos que se han venido concretando en el plano internacional, han marginado a los países que más comprendían a la oposición en el Grupo de Amigos: Estados Unidos, España, México y Chile. El único que ha salido fortalecido es Brasil que está jugando solo en ese campo porque Portugal no ha tenido un especial realce. En estas condiciones todos coinciden que solo queda una alternativa, que además fue aceptada por las partes: El Consejo Nacional Electoral. “No le queda (a la administración Bush) otra alternativa que apoyar irrestrictamente al organismo electoral (venezolano) porque como usted sabe, las partes (enfrentadas en Venezuela) cada una dice lo contrario de la otra y hemos descubierto que no siempre la verdad es el lugar común entre ellas, y si el árbitro ahora se cuestiona, pues no hay otro recurso y sería la nada. Sabemos que el Presidente Chávez tiene una significativa tendencia a manipular el poder, pero también sabemos que llega al límite y no lo traspasa, siempre y cuando se dé cuenta que no va a pasar desapercibido. Precisamente, por eso es que ahora la acción internacional y particularmente la nuestra (de Estados Unidos) se concentra en el CNE. No crea que somos ingenuos, que no sabemos de las fallas de esa institución (el CNE), pero no hay otra opción. Hay muchos riesgos, lo sabemos y estamos concientes de ellos, ¿pero qué democracia está exenta de riesgos? No queremos ni pretendemos que el gobierno (de Venezuela) o la oposición (de Venezuela) se sientan ganador o perdedor, porque ello sería en detrimento de la estabilidad futura. Pero es irremediable que haya una mayoría real, que en las actuales condiciones (en Venezuela) no va a ser reconocida por la otra parte, de allí que nuestra única opción es el CNE” nos aseguró un alto ex-oficial gubernamental norteamericano. O como nos aseguró el encargado de asuntos andinos en el Departamento de Estado Sr.Philip Chicola: “Ahora hay un proceso constitucional en marcha que permite a la gente (en Venezuela) cambiar de parecer. Tenemos confianza en que el pueblo tomará la decisión correcta cuando se hayan dado los pasos concretos”.

Por los momentos la estrategia norteamericana hacia Venezuela en los próximos días pareciera centrarse en evitar confrontaciones, pero manteniendo constante su capacidad de “persuasión” para que ninguna de las dos partes realice acciones que puedan ir en detrimento de la actuación del ente comicial en Venezuela, al tiempo que apuntalan la actuación de las organizaciones internacionales que ofician como observadores del proceso. Pareciera que no están muy convencidos que la estrategia de aislamiento que utilizaron contra el mandatario venezolano en Monterrey les dio los mejores resultados. El camino está pleno de tropiezos, empezando por el tema de unos asilos pendientes aquí y el de una mayor cooperación de Caracas en el tema del terrorismo. Pero parece que la voluntad es bajar el tono, tendencia muy recurrente en los últimos tiempos, que muy poco tiempo dura en vigencia.

Sin embargo, está claro que todo está en manos de la sensatez con que las partes en Venezuela asuman la situación que está por venir. Allí está el verdadero desafío, aquel que no se podrá superar mientras las partes no se convenzan que todos tienen que ceder, para superar la crisis.



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