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La Agencia Bolivariana de Noticias: un organismo corrompido

Por Gustavo Coronel

22.10.05 | La corrupción es un fenómeno difuso, con múltiples manifestaciones. Una de ellas es la perversión de los objetivos, la prostitución de los principios. Esta manifestación parece caracterizar bien a una organización del régimen chavista llamada Agencia Bolivariana de Noticias, ABN. Una agencia de noticias tiene la información como propósito fundamental pero esta del régimen no informa, no ofrece noticias sino calificaciones (para los representantes del régimen) y descalificaciones (para quienes lo adversen o lo critiquen).

El Jueves 20, 2005 esta agencia publicó una “noticia” titulada: “Organización vinculada a la oposición califica a la corrupción en Venezuela”. En sucesivas entregas ofreció otros comentarios relacionados a este tema, en los cuáles Nicolás Maduro, José Vicente Rangél y la Procuradora Marisol Plaza atacaban duramente a la organización Transparencia Internacional, por haber incluido a Venezuela entre el grupo de los países mas corruptos del mundo. La nota principal de ABN muestra una total ignorancia de lo que es Transparencia Internacional y de la credibilidad que tiene esta organización en el mundo libre y civilizado. Las mentiras e inexactitudes de la nota deben ser comentadas, a fin de ilustrar el alto grado de corrupción e ignorancia que aflige a esta agencia del régimen.

Dice ABN que Transparencia Internacional ubica a Venezuela en el puesto 130 en su lista de 157 países analizados en base a la percepción que se tiene sobre sus niveles de corrupción. Realmente, la posición asignada a Venezuela es la número 136, lo cuál es aún peor.

Lo segundo que alega ABN es que el fundamento metodológico en el cual se basa la clasificación de Transparencia Internacional se desconoce. Eso es mentira, pués existe un fundamento metodológico, el cuál es descrito en la página web de Transparencia Internacional www.transparency.org Es evidente que la ABN es tan floja que no se ha preocupado por leer la información allí contenida. La clasificación de los países está basada en un conjunto de encuestas llevadas a cabo por organizaciones individuales. En el caso de Venezuela, se basa en 10 encuestas, las cuales miden el alcance de la corrupción en el país. El valor medio para cada país se obtiene estandarizando los resultados en base a técnicas estadísticas descritas por la organización en detalle. Una transformación Beta es llevada a cabo y todos los valores para cada país son objeto de promedio, a fin de establecer su posición en la clasificación. Cada ranking es acompañado del número de fuentes utilizadas, de la desviación Standard y del rango de confiabilidad para cada país. Este rango de confiabilidad es del 82% cuando se usan 7 fuentes pero en el caso de Venezuela es mucho mayor, ya que se usaron 10 fuentes, como lo apunta el documento que la ABN no se ha molestado en leer.

La ABN prosigue sus desatinos diciendo que Transparencia Internacional no lleva a cabo mediciones de corrupción en el sector privado. Esto tambien es mentira pues TI si publica, en paralelo con el Indice de Percepción de la Corrupción por países, una clasificación de los países cuyas empresas privadas sobornan para hacer sus negocios. Los países mencionados en esta última clasificación no actúan como el régimen chavista, alegando que TI “la tiene cogida con nosotros”, sino que tratan de ver como mejorar sus sistemas de control.

Las mentiras de la ABN continuan, cuando alegan que el origen de Transparencia Internacional en Venezuela tiene “fuertes vínculos con sectores vinculados al golpe de estado del año 2002”, mencionándome a mí, Gustavo Coronel, como prueba de estos vínculos. En primer lugar, reto a la ABN a establecer vínculo alguno entre mi persona y los eventos que la ABN califica como un golpe de estado en 2002. Yo si marché, si grité consignas contra Chávez y me alegré mucho de ver a un Chávez lloroso, en Abril 2002, pidiendo un avión para irse a Cuba. Millones de venezolanos compartieron mi euforia. Ejercí y ejerzo mi derecho ciudadano a protestar cívicamente contra un régimen autoritario y deslegitimado. Pero no hice ni he hecho nada fuera de la constitución. Ciertamente no soy un golpista y un traidor a la democracia y a las leyes, como Chávez lo fué en 1992. Mis manos no están manchadas de sangre.

Como distinción a mi trabajo cívico, el cual incluyó, entre 1994 y 1998, dictar alrededor de 300 talleres anti-corrupción en Venezuela, Ecuador, Paraguay, Panamá y México, para unas 12500 personas, mi organización no gubernamental, Pro Calidad de Vida, fue nombrada representante de Transparencia Internacional en Venezuela, un cargo honorífico, no remunerado, del cuál me aparté desde que inicié mi trabajo voluntario para la campaña presidencial de Henrique Salas Romer, coordinando la elaboración de su programa de gobierno. Miente la ABN al decir que el Dr. Alberto Quirós Corradi fue “el otro miembro de esta organización” porque no existía una organización que no fuese Pro Calidad de Vida, en la cuál mi buen amigo Alberto fue uno de 15 miembros de un Consejo Directivo que no se reunía mas de una vez cada seis meses y nunca miembro de la Junta Directiva. Yo era el único portavoz y representante de Transparencia Internacional en Venezuela durante esos años. Decir, como dice la ABN que “desde los años 1996 a 1999 Alberto Quirós Corradi y Gustavo Coronel dieron a conocer su ranking mundial sobre corrupción en el que invariablemente Venezuela salía mal parada” es una aseveración falsa y demuestra la total ignorancia de estos jumentos. En efecto, mal podía yo presentar “mi” ranking mundial sobre corrupción, cuando este es un documento elaborado por expertos en las oficinas de Transparencia Internacional, en la cual se evaluan 150 o mas países. Este documento no es una clasificación hecha para Venezuela ni para banderillear a Hugo Chávez sino un estudio serio, para el mundo entero.

En otra nota de la ABN sobre este tema, el Sr. J.V. Rangel tiene la osadía de afirmar que Transparencia Internacional “es un ente mercenario que está al servicio de los poderosos intereses transnacionales” y agrega que “en la Contraloría ya existe un estudio en torno al organismo en el que se ha demostrado su poca calificación y los intereses que se esconden detrás de la institución”. Un representante de un régimen aliado de dictadores, asesinos y violadores como lo son Fidel Castro, Robert Mugabe y Daniel Ortega, no tiene autoridad moral para denigrar de una organización universalmente respetada, como lo es Transparencia Internacional. Es gran coincidencia que la Contraloría ectoplásmica de Clodovaldo tenga “listo” un informe sobre Transparencia Internacional, justo a tiempo para combatir el juicio implacable que esta organización hace sobre la corrupción del régimen. Desafiamos a Rangel a mostrarlo o que cierre la boca, pues tenerlo y no mostrarlo es hacerse cómplice y no tenerlo y pretender que se tiene es ser un mentiroso. El silencio del Contralor Clodovaldo Russián frente al desastre administrativo de este régimen es, precisamente, uno de los grandes factores coadyudantes de la hiper-corrupción que acogota al país.

Que insulto a la memoria de Bolívar es llamar bolivariana a esta agencia forajida!



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