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Jesse Jackson y Venezuela

Por Daniel Romero Pernalete

01.09.05 | Un cuerpo en descomposición atrae animalejos de diferente hechura. Sobre Venezuela han caído últimamente carroñeros de todo pelo y plumaje. A llevarse su jirón de pellejo en un festín ajeno al colectivo. A veces vienen en bandadas. A encuentros de intelectuales, festivales juveniles y esas cosas. Otras veces vienen en solitario. Con igual desvergüenza. Por aquí han pasado Don King y José Saramago. Ignacio Ramonet y Danny Glover. Cardenal y Maradona. Y muchos otros que vienen a juzgar la revolución chavista desde la suite de un hotel cinco estrellas

El último mercenario invitado fue Jesse Jackson. El mismo que se embadurnó de sangre la camisa para hacer creer que había acompañado a Martín Luther King en sus últimos minutos. El reverendo Jackson, con su familia, fue convocado, traído y pagado por el gobierno de Hugo Chávez. La excusa formal: pronunciar un discurso en la Asamblea Nacional. La razón verdadera: poner un poco de colorete en la faz demacrada del gobierno.

El reverendo Jackson hizo su trabajo. Vio, oyó y dijo lo que el gobierno quería que viera, oyera y dijera. Su opinión se resume en una frase que retribuye las erogaciones del anfitrión: “Venezuela es un ejemplo para el mundo”. Falaz el juicio de quien no ha experimentado en carne propia el desastre cotidiano. De quien no ha transitado por el campo minado en el que Hugo Chávez ha convertido a Venezuela.

Se ve que Jackson no ha recibido una pedrada bolivariana por participar en una marcha pacífica. Ni ha probado un botellazo socialista del siglo XXI. Ni sabe como arde un peinillazo de la Guardia Nacional. Ni se ha asfixiado con los gases lacrimógenos de la revolución.

Se ve que Jackson no ha llorado los muertos que a diario deja la delincuencia desbordada. Tampoco ha llorado a un familiar masacrado en una cárcel. O eliminado por algún escuadrón de la muerte. O quemado en algún cuartel. O en un retén.

Se ve que Jackson no conoce el sabor de la Lista de Tascón. Ni el olor de la Maisanta II. Ni ha sentido lo que sintieron los 20 mil trabajadores de PDVSA que perdieron, por verticales, sus carreras y su futuro. Ni ha vivido las penurias por las que han pasado los presos políticos del Táchira. Y los militares encerrados por capricho de Chávez. Y los periodistas acosados por voluntad del régimen.

Se ve que Jackson no se ha calado una cola de doce horas para votar. Y saber después que el árbitro electoral le torció el pescuezo a la voluntad ciudadana. Ni ha tenido que soportar los abusos del Ejecutivo. Ni los atropellos oficialistas en la Asamblea Nacional. Ni las aberraciones del Poder Judicial. Ni las babosadas del Poder Ciudadano.

Se ve que Jackson no ha tenido que sobrevivir al desempleo. Ni ha pasado por el purgatorio de un hospital desasistido. Ni ha tenido que esquivar la muerte en cada vaguada y con cada derrumbe.

El reverendo Jackson se fue orondo. Panza condecorada y bolsillos llenos. Pero se fue embarrado y no precisamente de sangre. Vino a hablar del sueño de Martín Luther King en un país que quiere despertar de una pesadilla. En ese despertar, sin duda alguna, no estarán gente como el reverendo Jackson ni como sus anfitriones. Amén.



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