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Venezuela: El conteo rápido de un NOcaut que no fue.

Por Juan Carlos Zapata, Descifrado

[ 2004-08-17 09:38 ] Si el Centro Carter y la OEA avalaron los resultados del CNE con un conteo rápido, a nosotros no nos queda más que hacer lo mismo. Y la prueba de este conteo rápido es la perplejidad con la que los venezolanos conocimos el triunfo de Hugo Chávez. Al margen de los pequeños grupos de militantes chavistas que salieron a hacer bulla e inclusive a agredir, aquí no ha habido una fiesta colectiva que indique, que compruebe, que respalde el apoyo mayoritario del que hablan los números del NO. ¿Dónde están esos supuestos cinco millones de votos del NO? ¿Dónde quedaron? ¿Dónde se encuentran? ¿Por qué no salieron a la calle en fiesta masiva? No lo hicieron porque sencillamente no existen. Quedará para la historia el amargo capítulo de cómo inclusive Chávez ganó en el Zulia. Eso no lo cree nadie.

De César Gaviria se podía esperar el aval rápido de los resultados: deja el cargo en la OEA y no le iba a entregar el mando a su sucesor, Miguel Angel Rodríguez, con esa papa caliente. Del ex-presidente Jimmy Carter, con todo el respeto de mundo, tengo mis serias dudas de su actitud responsable. Hay dos razones que me llevan a esa conclusión. Primero, ayer reveló una cifra que la gente de Súmate le había suministrado en la mañana. Esa cifra de Súmate coincide con las de la OEA, Centro Carter y el propio CNE, porque se trata del número de votos transmitidos una vez que fueron totalizadas las actas. La gente de Súmate ha dicho que el problema no está ahí, sino en la diferencia que puede haber entre las actas que produjo la máquina y el voto efectivo que depositaron los electores en las urnas. Pero Carter no hizo la aclaratoria, con lo cual queda la duda de si el ex-presidente manipuló la información para darle mayor credibilidad a sus propios números. Segundo, este último episodio nos lleva al episodio anterior en el que Carter fue el intermediario para reunir a Chávez y a Gustavo Cisneros. Que me disculpen Cisneros y Carter, pero ahora no soy el único que piensa mal de lo que ocurrió en esa reunión. De hecho, después de ese encuentro, Cisneros cambió, Venevisión cambió y hasta el Gobierno cambió respecto a Cisneros y a Venevisión. A Chávez le gusta esta frase: amor con amor se paga.

Lo que hemos visto los venezolanos es un golpe electoral. Demostrar el fraude va a ser la tarea más difícil del mundo. Pero afinar el análisis, y señalar que aquí se fraguó un golpe para reafirmar por la vía electoral a un gobernante y a su régimen, no es descabellado. Un golpe en el que intervinieron los poderes y las instituciones: el TSJ, con la designación del CNE, con lo cual el magistrado Iván Rincón Urdaneta y su grupo de colegas fueron parte de la operación; el CNE con Francisco Carraaquero, Oscar Bataglini y Jorge Rodríguez en primera línea; el Gobierno y la Presidencia como coordinadores de la operación; y la Fuerza Armada como garante de ese golpe, como vigilante de ese golpe electoral, como actor clave de ese golpe electoral. Un golpe que se fue fraguando durante meses. Un golpe avalado desde la Fiscalía, la Defensoría del Pueblo y la Asamblea Nacional. El golpe diseñado y montado en todas las fases con el papel activo del Plan República y la empresa encargada de la automatización del proceso. De lo contrario no se explica que la tendencia electoral que arrojaban los exit polls en la mañana haya cambiado de manera radical. Y eso tal vez explique por qué a las 4 p.m., léase bien, a las 4 de la tarde, desde el seno del Gobierno ya se decía que pasara lo que pasara, el resultado final iba a ser 54% a favor del NO y 42% a favor del SI. O sea, la decisión estaba tomada, y ese dato, a esa ahora, se lo comuniqué a Teodoro Petkoff en Tal Cual, y a un grupo de diputados y dirigentes políticos. Coinciden los resultados, ¿verdad Gaviria? ¿Verdad Carter? O sea, la operación estaba en marcha.

El Golpe electoral se consumó cuando el Gobierno a mitad del día se vio perdido. Ahí se habrá tomado la decisión de concretar la operación final, en vista de que, como lo ha dicho Julio Borges, hasta los exit polls de PDVSA y la Fuerza Armada proyectaban el triunfo de la oposición. Ahora, ¿quién dio la orden final? ¿Fue una orden de Chávez? ¿Fue una orden de todo el comando responsable de la operación? ¿Fue una orden del sector militar militante? ¿O todo es parte de un todo? Un golpe que nos recuerda a Fujimori. Un golpe electoral para colocar ante el mundo la legitimidad de un Gobierno que no lo es.

Porque, y de todas maneras, de la jornada del 15-A hay que aprender varias lecciones:

1-Ya se sabe la naturaleza del régimen. Felipe Mujica no lo duda cuando afirma que Chávez le dio una patada a la mesa, y para Julio Borges y Henry Ramos Allup, tampoco quedan dudas del fraude.

2-La jornada fue una muestra de tolerancia del pueblo venezolano. Un pueblo que quiere vivir en paz y armonía. Que los exaltados son unos pocos militantes. Esa tolerancia entierra la violencia que Chávez ha querido. Esos venezolanos tolerantes, de lado y lado, están ganados para un proyecto constructivo.

3-El Gobierno de Chávez no tiene la mayoría consigo. La mayoría está en otra parte. Para Chávez esta realidad ha sido como un portazo en la cara. Se acabó la marea arrolladora de popularidad. El portazo popular se refleja hasta en el propio rostro del Gobierno y del Presidente: no hay alegría, no hay júbilo, no hay celebración. No puede haber nada de eso en un Gobierno de cuya ilegitimidad e ilegalidad hay dudas. Y por eso, los que hoy se sienten perdedores, que no lo vean así. No hay que darle paso a la frustración. Aquí el único frustrado es Chávez que sabe lo que ha perdido.

4-Ese país que no quiere a Chávez ni lo que él representa está a la espera de un liderazgo que lo rescate y lo conduzca a la victoria.

Ahora, retumban las palabras que una vez en Nueva York, el ex-dictador de Perú, Alberto Fujimori, nos dijo a un grupo de venezolanos: 'Chávez es mi amigo'. Hoy no me caben dudas: ni por el método ni por las formas.



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