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VENEZUELA: NACION REHEN DE SUS POLITICOS

Por Diego Arria, publicado en 1.998

El tercer milenio, Venezuela y los candidatos presidenciales para 1998. De hecho importa poco quien resulte electo si no se tiene en cuenta el cuadro, el escenario y las reglas en el cual se celebrarían estas elecciones. Mas aun no importa ni el talento ni la voluntad de los candidatos si las circunstancias que condicionan su elección- y su posterior mandato- no son modificadas radicalmente.

¿Y quiénes van a modificarlas?

Lo primero primero

No existe país serio y responsable que no tenga una política de preparación permanente para el futuro. Están conscientes de que su vigencia y progreso depende de cuan actualizados estén para no salirse ya no del tren, sino del cohete en el cual viaja el conocimiento y la tecnología. Es universalmente apreciado el hecho de que la globalización es una realidad y no una opción. Igualmente que la revolución de las tecnologías informativas están conformando nuevas modalidades de comercio y de comunicación. Que los satélites, las computadoras y la Internet desbordaron las soberanías nacionales, las políticas monetarias nacionales, el alcance de los bancos centrales, y la censura informativa.

¿Y toda esta perorata para qué?

Simplemente para dramatizar el hecho de que realmente ninguno de esos temas tan centrales constituye motivo de preocupación y debate en nuestra tierra. Tal vez los políticos piensan que somos parte de una galaxia particular donde todo esto nos será ajeno, o nos queda pequeño. (Debe ser porque tenemos las más grandes reservas probadas de petróleo).

Tal vez de tanto repetirlo han acabado creyendo que el petróleo, el hierro y el aluminio son de verdad industrias básicas, y que la educación, la ciencia y la tecnología son actividades accesorias pero no básicas.

Una vez leí, que a los niños en el Japón les enseñan que su país es pobre porque carece de recursos naturales, y que por lo tanto su capital es su gente que deben educar. A nosotros nos forman enseñándonos lo contrario que somos ricos simplemente porque tenemos recursos naturales. Y ya sabemos a donde llevó esta enseñanza a los japoneses, y a donde a nosotros la falsa prédica de cuan ricos somos, y lo que es peor, a donde amenaza casi irremediablemente a precipitarnos al inicio del tercer milenio.

Hace un par de años me encontré un libro viejo que se llama “Venezuela Land of Opportunities” (Venezuela Tierra de Oportunidades) escrito en 1955 por un ingeniero norteamericano que era el entonces Presidente de la Coca Cola en nuestro país. Me quede de una pieza cuando leí que en 1955 con apenas 9 millones de personas, la economía de Venezuela era la de segundo crecimiento en el mundo; éramos entonces el principal exportador de petróleo hacia USA, y nuestra deuda interna y externa era de cero. Sin duda hace cuarenta años estábamos en camino de convertirnos en un país medianamente desarrollado.

¿Qué nos pasó?

Han pasado 40 años y Venezuela registra hoy el doble de población y lamentablemente con indicadores diametralmente diferentes. Nos salimos del camino del crecimiento y cerramos horizontes que parecían ilimitados e inagotables- y hoy ya no vemos el futuro con igual optimismo que cuando Billo Frometa compuso la bella canción de “Caracas la Sucursal del Cielo” . Hemos dejado de ser tierra de atracción y de destino de otros pueblos para convertirnos en aeropuerto de partida para miles de miles de venezolanos que saben y sienten que su futuro, y lo que es peor, el de sus hijos, no lo podrán realizar en una tierra, que ya no advierten como la sucursal del cielo.

La descapitalización que genera la fuga de ese talento, que no recogen las cuentas nacionales es crecientemente significativa, y contribuye a profundizar nuestra pobreza y a bajar el nivel de nuestra competencia.

¿Bueno, y entonces qué necesitamos en las próximas elecciones?

Estoy convencido que sin una verdadera reforma al sistema electoral actual es imposible que los venezolanos tengan un futuro mejor. El Estado si lo tendrá pues el petróleo seguirá salvándolo, pero no a sus pobladores, que hoy ven con frustración e impotencia un Estado rico como nunca y una pobreza generalizada que va de la mano de una violencia también sin precedentes.

Venezuela es un país controlado por un Grupo bastante reducido de accionistas.

Unos quinientos accionistas en el sector político, sindical, gremial, manejan y controlan la actividad económica mas importante: el presupuesto nacional cada vez mas inflado e ineficiente. Los empresarios no importa su tamaño poco cuentan al lado del presupuesto nacional.

¿Creen usted que los accionistas de esta maravillosa empresa con unos 18 mil millones de dólares al año , donde no tiene que poner ni arriesgar un centavo de su patrimonio, se la van a dejar quitar así no mas?

No lo creo. Yo imaginaba que los empresarios por aquello del sentido del lucro defenderían con mayor vigor que nadie su patrimonio. Pues no, estaba completamente equivocado, pues son los que controlan el presupuesto nacional, estadal y municipal los que están dispuestos a llegar a los últimos extremos en la defensa de estas extraordinarias ventajas que les ha otorgado nuestro particular sistema democrático, donde los partidos son el todo. Y........ controlan la sociedad o compañía en la cual han convertido a nuestro país.

¿Qué harían la mayoría de estos dirigentes (accionistas) que nunca han trabajado en sus vidas; que nunca han viajado sino por cuenta del Estado; que sus choferes y guardaespaldas son parte del erario publico, que sus secretarias se las paga el Estado, que colocan a sus familiares y amigos en la nomina pública.? (Lo anterior para no hablar del control de contratos para copartidarios, simpatizantes, amigos y socios.)

Ya que estos accionistas privilegiados no podrían buscar puesto en Miami, pues allí es necesario trabajar y poco valen las tarjetas de los compañeros, defenderán como perros rabiosos toda medida que vulnere su poder y su influencia. Ya no se trata sólo de controlar la hacienda nacional, sino controlar la justicia (seleccionando a los jueces por el carnet), la educación (colocando a maestros amigos y simpatizantes). Aunque parezca mentira, hasta en el sector de la salud, donde para conseguir puesto de medico y de enfermera se requiere la recomendación política.

Estas breves alusiones a circunstancias reales mucho mas serias no dan pié para pensar que en las elecciones de 1998 Venezuela entraría al año 2000. Obviamente lo haría en el sentido estricto del calendario, pero no en el sentido y en el contexto de lo que un nuevo siglo significa para los pueblos serios del mundo, que advierten un evento, un momento cargado de oportunidades para desafiar a sus sociedades.

¿Y dónde nos agarra el desafío a los venezolanos?

Con el mayor numero de pobres, con una violencia generalizada, con un sistema educacional que ya no sirve ni para los años sesenta, un cuadro de salud y hospitalario critico, con sistemas judiciales que no ofrecen ninguna garantía, con policías politizadas, con unas fuerzas armadas tan contaminadas por el favoritismo político como cualquier otro gremio en el país, con una infraestructura desbordada y pobre. Con un sistema electoral que genera congresos tan poco representativos de la realidad nacional, y que le permite a los partidos ventajas sustantivas. No podemos olvidar que en Venezuela se siguen contando a mano los votos, y esto llegando al año 2.000.

Y tal vez lo mas serio- con una sociedad muy enfrentada con odios también sin precedentes- y con una desconfianza generalizada por todo lo que signifique política, gobierno e instituciones.

Tendremos una elección que seguirá dominada por el pasado, con sus vicios y limitaciones. No creo que podamos tener verdaderas elecciones para el 1998 sino mas allá del 2.000 cuando la biología haya jugado su papel en la sobrevivencia de las especies. Para citar solo un par de casos: Caldera tiene 70 años en la política, Carlos Andrés Pérez 60,

Existe toda una generación de políticos que se enchufa en el aparato gigante del Estado desde 1958 que no permiten la rotación, y que no cede su puesto sino en el cementerio, negándole así al país la necesaria renovación en su dirigencia. Ese aferramiento de los viejos líderes a su propia existencia política es la demostración más clara y contundente de cuan poco creen en los más jóvenes que ellos.

A veces me pregunto: ¿si cayó el Muro de Berlín, si se desplomó el partido comunista de Rusia, e incluso se acabó la URSS, cómo es posible que el sistema político venezolano sea el único impermeable fuera de Cuba en América Latina.?

Casi cuarenta años de democracia partidista y Venezuela continua bajo un sistema de tutoría ejercida por los que en 1958 crearon esta sociedad que no permite que la transición entre la dictadura y la democracia plena con partidos, pero no para los partidos, concluya. Nuestros ciudadanos a sus ojos no han alcanzado todavía la madurez necesaria para ser emancipados, y los tutores siguen activos en sus puestos para congelar toda innovación.

¿Y los candidatos cómo deberían ser entonces?

Parece difícil, para no decir imposible, que los candidatos que deberán su postulación a los accionistas del país, serán capaces de liberar a un país rehén de sus intereses. No es imposible, pero demandaría un coraje monumental, impedir que los mismos congresantes y concejales se repitan, como en los viejos discos de acetato rayado. Para permitir unas elecciones realmente más directas. Para gobernar sin la llamada “disciplina partidista”, sólo aplicable durante la existencia de las dictaduras comunistas, y que ahora recobra vigencia en la Venezuela, que se aproxima al año 2000, y nadie se sorprende ni lo encuentra cuestionable.

¿Y cuál de los candidatos-as se atreverá a enfrentar estas realidades? El que lo haga merecería ser elegido.

Todas estas reflexiones que me hago, pensando en voz alta. lamentablemente están fundamentadas en realidades que he podido apreciar y valorar desde una perspectiva interna, y más recientemente desde la externa, al contrastar la evolución de otras sociedades con la nuestra.

Son reflexiones dolorosas pues Venezuela es uno de los pocos países del mundo que no tiene excusa -ni perdón- para encontrarse en la situación que hoy sufre, ni menos aún para entrar al año 2000 con los vicios, y limitaciones de una modalidad democrática tan chucuta y tan poco visionaria. Venezuela ha dejado hasta de pensar en grande, no tiene desafíos colectivos que animen el alma y la imaginación nacional. Solo el fantasma de Colombia es capaz de generar algunos sentimientos más o menos colectivos.

Quien logre entusiasmar a toda una nación, desafiando a los jóvenes e integrando a Venezuela al proceso de transformación del mundo, para que no estemos ausentes, merecerá ser Presidente.

Quien le diga a los venezolanos, que mientras sus estudiantes asistan a clase menos días que ninguna otra nación latinoamericana, no tendremos posibilidad de competir con nadie.

Que mientras sus universidades amparen y celebren a encapuchados; que mientras el presupuesto educacional del país se invierta en función de los que tienen mas poder político -las universidades- en perjuicio del sistema educativo preescolar y primario, que es el nivel donde se forma el verdadero futuro, ¡no llegaremos a ningún lado!

A pesar de que Venezuela no tiene justificación alguna, para haber caído en la situación que hoy sufre, corremos el riesgo de cruzar el umbral del nuevo milenio como rehenes de un sistema político controlado por un pequeño grupo, cuya visión y voluntad está limitada a la preservación de sus propios intereses.



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